viernes, 16 de octubre de 2009

Bill Evans. Cubismo de modos en un marco geométrico fractal.




De lo más sencillo también es posible construir metáforas hacia lo más interno.

Y esa parece ser la pregunta metafísica que trasunta de la música que desarrolló este gran poeta del piano en Interplay o en Waltz for Debby. Es que el dar aire de profundidad y perspectiva a un modelo melódico anclando en un fa menor o un do sin perder el punto de la metáfora inherente en los objetos dominantes que reformulan los contextos tonales es un simbolismo muy potente. Es como decir:_ ahora camino por esta calle pero dentro del balcón de enfrente veo una gran plaza con plantas y niños que juegan en otro tiempo.
Por eso no es habitual tener la capacidad expresiva de poder transformar en sonido el dolor interior que nace de la pérdida de la infancia, de una mujer o un hijo y esas cosas son las cosas que tocan a todos los seres humanos en la experiencia de la vida pero no todas las personas hacen con su experiencia de vida la música que este autor nos propone en sus solos como disolviendo los espejos más lejanos de la memoria del agua para así volver a la inocencia de “volver a nacer” en sueño y pensamiento, volver a nacer en comprensiones y recuerdos como un ángel del olvido que inventa las geometrías que lo crearon.

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