domingo, 18 de octubre de 2009

Mirada de un músico hacia algunos instantes sociales.

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Buenos Aires tiene cosas especiales, los cafés los días de lluvia y la cultura de estar hablando en los bares. Las tardes en las plazas y las sombras que se proyectan en las veredas como hilos despiertos que se mueven silenciosamente, como fantasmas mágicos de los recuerdos perdidos.
Para la edición del trabajo “Vigilia y sueño” originalmente preparé unos textos donde aplico técnicas de composición musical (contrapunto) a la estructura narrativa y alguno de esos textos aparecen en mi página web con este mismo nombre, entonces ahí no me preocupo tanto por el significado “literal de las palabras” como por su sentido “musical” en una consecuencia poética y lúdica desde el ritmo.
Dicen que a veces para sortear un obstáculo es mejor “rodear la cerca” y no tratar de golpear puertas “que están cerradas” o que son sólo muros con callejones detrás de apariencias bien pintadas. Sobre este tema hablaron ya autores bastante más meritorios que quien escribe como Astor Piazzolla y algunos otros.
Sin embargo el trabajo artístico se enriquece con la vivencia y si no hay posibilidad de disolver barreras el significado del propio sonido pierde sentido pero esas barreras no son de un status social aparente (porque ese es el juego en la música comercial) sino de otra índole. Y son esas otras razones “ocultas” que no son tal, las que me impulsaron a escribir estas líneas, un grupo de textos con diferentes connotaciones que me agradó englobar bajo el título “Sobre pautas, modelos y encrucijadas".
M.J.

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